En casa le decíamos suflé

13 13e Junio 13e 2008 - 5 Responses

Eran tiempos de pura inventiva culinaria. Era época de plena hiperinflación en la que la comida costaba más cara a medida que te la ibas comiendo. Para graficarlo, si el primer raviol costaba 50 centavos, para la hora de terminar el plato cada bocado salío 100 pesos. Así las cosas, ese último raviol que quedaba en el plato valía más que todo lo que te habías comido, y no nos podíamos dar el lujo de desperdiciar comida. Aplicando la máxima de la energía por la cual nada se pierde, todo se transforma, mi madre solía acumular todo lo que iba quedando en el ‘táper de las sobras’.
Como en muchas familias clase media como la mia, que ambos padres trabajaran era cosa normal, y mi vieja debía repartir su tiempo entre la tarea docente para chicos ajenos por la mañana, y docencia para los chicos propios por la tarde. En el medio debía buscarnos en el colegio, preparar el almuerzo, lavar la ropa, planchar las camisas de mi viejo, limpiar los pisos (que nosotros gentilmente nos encargabamos de ensuciar volviendo de la plaza embarrados hasta las pestañas), llevarnos a basquet, regar las plantas, pasear al perro, colgar la ropa, buscarnos en el club, ponernos a hacer la tarea, lavar los pisos, entrar al perro, descolgar la ropa, planchar las camisas, cambiar las sábanas, lavar los pisos, ponernos el pijama (tarea harto dificil teniendo en cuenta que somos tres varones y mientras uno estaba arriba del arbol, el otro andaba en bicicleta y el otro jugaba a las escondidas en la cuadra), preguntarnos si habiamos hecho toda la tarea (momento en que uno decía: ’si…..ah! mañana tengo que llevar un planetario a escala de pelotas de telgopor y un quemador que simule el sol’), reponerse del infarto, chequear las cuentas por pagar, retar a mi papa por el volumen del televisor, corregir chorrocientos tigirisiete examenes de biologia e irse a dormir.

Esa rutina liviana se iba complicando con el correr de los días de la semana, en la que se iban apagando en ella tanto las ideas culinarias, como los ingredientes de la alacena, casi al mismo ritmo que crecía el temido ‘taper de las sobras’. Y entonces, en el medio del caos y la confusión, y tras una cómplice cortina de humo escondedora, aparecía el amarillo brillante de la olla Essen acompañado de un sonor ‘chiiiiiiiiicos, a comeeeeeeeer!’. A partir de ahí, luego de encomendar nuestros estómagos al señor, destapábamos la olla para ver aparecer los fideos del lunes, las milanesas del martes, la mayonesa de ave del miercoles, la tortilla de zapallito del jueves, el osobuco del viernes y el queso cremoso por kilo, todo acolchado sobre una tapa de tarta pascualina y fraguado con tres huevos batidos con sal. Ante la obvia pregunta mi mamá largaba con su mejor acento francés un ‘Pero si esto es un suflé de l’farfué!’ ante nuestra atónita mirada, creando tal confusión que nos dejaba sin argumento de refutación posible.

Nuestra ignorancia tanto del francés como de las artes culinarias, hacía comernos tan intrincada mezcla secreta en el mayor de los silencios, temiendo dañar la autoestima de nuestra cheff de turno. Es así como apañada por nuestra corta edad mi madre perfeccionó su arte del reciclaje alimenticio, poniéndole nombres cada vez más franceses con una inventiva digna de la admiración.

En casa alguna vez tal vez faltó plata, pero una cosa es segura: jamás faltó imaginación.

Cinco y Diez

2 02e Mayo 02e 2008 - 10 Responses

Cinco y diez. Como cualquier otro miércoles el radio reloj anuncia una vez mas la tragedia de otro día laborable que comienza. Escucho ‘unchained melody’ en la voz del grupo políglota Il Divo. Pucha que ganas de arrancar el dia con esa canción. Claro, pienso que el programador no estaba precisamente pensando en tratar de levantar a nadie sino más bien de ayudarte a dormir. En fin, resignado a no encontrar una excusa creíble que me permita quedarme en la cama, me incorporo y salgo enfilando para el baño. La ducha matinal es la ultima salvación. Sin ella hay ciertas partes de mi sistema nervioso que se niegan a abandonar el letargo del sueño incompleto.
No me cabe duda, las seis de la mañana es un horario demasiado cruel para iniciar la jornada de trabajo. Mientras el agua caliente me masajea la nuca, pienso que hoy tendré que lidiar con muchas tareas fastidiosas, personas malagradecidas, situaciones complejas e ineludibles. Afuera hace frío y seguramente el auto tardará en calentarse, hasta el momento mismo en que haya llegado a mi destino. Pienso que seguramente este mes no podré dejar pasar el tema del rulemán que chilla. Me tiene loco y sin embargo en una peligrosa combinación de falta de tiempo y dinero, sobre todo de esto ultimo, hace 2 meses que lo vengo posponiendo. Que dia es hoy? Cuando cobro? Mierda, falta mucho.
Salgo de la ducha para secarme, lavarme los dientes y peinarme. Prendo la luz del pasillo. De esta manera, la mujer que duerme en mi cama no se despertara aun. Entro sigilosamente en la habitación y la observo. Las sabanas me describen la juventud en su maximo esplendor. Sigo las curvas de su cuerpo, desde esos bellos pies hacia arriba, donde me encuentro que las idas y vueltas de la noche han dejado un pequeño obsequio a la vista. Puedo ver que la sabana cubre parcialmente una figura que a esa hora de la mañana me detiene de todos mis pensamiento negativos, y pienso si realmente soy merecedor de semejante espectáculo. Ella no lo sabe, pero la miro muy despacio, mientras continuo la linea ascendente hacia su espalda, tan perfecta como esas propagandas de cremas que prometen falsamente a señoras mayores esta misma textura de piel de durazno que ahora contemplo. Rio por dentro. Ilusas.
Sobre la mitad de la espalda se entremezclan cabellos tan enrulados que perfectamente podrian ser moldes de sacacorchos. Y río pensando en las veces que la he visto en una lucha despareja con un aparato caliente en la mano que le permita alisar esos rizos naturales, mientras tantas otras usan el instrumento opuesto para poder formar los rulos que ella se empeña sin éxito en deshacer. Entonces veo su cara. Ese rostro que aun esta desenchufado del cerebro, inmerso en un profundo y pacifico sueño iniciado tan solo un par de horas atrás.
Me acerco lentamente a la cama, me siento en el borde y arrimo mi cara a su cabello. Aspiro profundamente el perfume de la mujer que comparte esa cama conmigo. Ese aroma que aunque me quedara ciego de repente podria hacerme distinguirla a kilómetros a la distancia entre una multitud. Me quiero impregnar de eso, de ella, de ese momento en que el sueño es presa de su respiración pausada. Entonces mientras acaricio suavemente su frente, se despierta con una sonrisa de lagañas y desde el fondo de sus ojos me descubre y pronuncia la unicas dos palabras que necesito oír para terminar de juntar fuerzas: te amo….
Beso su dulce boca mientras susurro un ‘yo tambien’. Mi dia repentinamente acaba de cambiar. Y eso que aun no ha empezado. Suerte para mí.

Un martes cualquiera

2 02e Mayo 02e 2008 - 2 Responses

Su vida fue vertiginosa desde un principio. Nacido en una aristocrática familia argentina, fue impulsado desde niño a convertirse en alguien importante. Sus padres lo estimularon brindándole todas las ventajas que el dinero podía comprar. Claro, era hijo único, toda la atención de la familia se centraba en él, desde sus primeros pasos siempre estuvo alentado a superarse. Era el orgullo de Walter H. Simmons padre. “Serás tan importante que tu nombre aparecerá en los periódicos”, le decía siempre. Esa frase le retumbaría en su cabeza luego, por las intrincadas vueltas del destino.
A medida que él fue creciendo, las palabras de su familia hicieron mella en su inconciente, por nada del mundo él los defraudaría. A tal punto fue así que se esforzó en cuanta actividad emprendió. A pesar de asistir a los mejores establecimientos educativos, allí donde solo la más selecta clase social podía acudir, él sobresalía por sobre los demás. Nunca fue uno más del montón. En su escuela primaria, el colegio bilingüe San Pedro Apóstol, logró no solo ser abanderado, sino además obtener el mejor promedio histórico de la institución, Lo mismo habría de hacer en el secundario, del cual se graduó en tan solo 4 años, una vez mas presionado por sus padres. “No pierdas el tiempo, tu verdadera vocación empieza en la universidad, no seas mediocre como el resto de tus compañeros”, solían decirle. Para cuando obtuvo su título de bachiller mercantil con orientación en el comercio exterior del Colegio Alemán, apenas si tenía una incipiente barba. Y es que él mismo había aprendido a creer que debía ser más que el resto, que conformarse con lo mínimo era para perdedores y gente sin ambición.
La universidad no sería la excepción. La Universidad Católica solo sería un trámite más de su extensa educación, de la cual se graduaría como Licenciado en Comercio Exterior, a la corta edad de 21 años. Ese iba a ser el último año que pisara suelo argentino, solo que él jamás lo sabría.
Luego de obtener su MBA en harvard, y con más título académicos que amigos, iba a convertirse en el Jefe del departamento de transacciones internacionales en el World Trade Center. La mañana en que recibió la carta de congratulaciones a la puerta de su dormitorio universitario, el primer pensamiento que le vino a la cabeza fue: “Estoy en la cima del mundo”. Y le sobraban motivos para creerlo. Su carrera había sido abrumadora, incluso para sus colegas locales, y no había nada que lo hubiera detenido en su escalera al triunfo con el que tanto habían soñado sus padres. “Si hasta tengo nombre de famoso”, pensó mientras imaginada su placa en el lustroso escritorio de su nueva oficina: “Walter H. Simmons Jr.”, en letras doradas sobre fondo negro, como siempre lo quiso.
El primer tiempo de experiencia laboral, fue fructífero por donde se lo mirase. Había obtenido el respeto y apreciación de sus compañeros de trabajo y su personal a cargo. Hasta se ganó el apodo de “Spanish Shark” por su habilidad para manejar los negocios, en los que nunca le tembló el pulso a la hora de tomar decisiones difíciles. “Nací para esto”, se repetía una y otra vez. Y es que en verdad no podía estar más satisfecho con el resultado de tanto esfuerzo

Tan solo tres meses habían pasado cuando se compró el auto que siempre imaginó, el Ford Mustang GT 1966 totalmente restaurado. El mismo con el que iba al trabajo todas las mañanas desde su residencia en la quinta avenida de Manhattan, un lujoso departamento de 3 dormitorios y vista al central park
Esa mañana, una de las ultimas calidas de lo que quedaba del verano, se levanto especialmente optimista. Debía reunirse con los inversionistas españoles por lo que se sentía a gusto de poder hablar su idioma, y porque al fin y al cabo compartían su misma sangre latina, siempre había disfrutado el trato con este tipo de gente. De manera que se levantó un rato más temprano de lo habitual, se duchó y encendió su plasma para escuchar las noticias de la mañana. Nada le llamó la atención. Cuando terminó su desayuno, se encaminó rumbo a su trabajo, estacionó bajo la torre norte y subió los 89 pisos en el ascensor que lo llevaba hasta la puerta de su oficina.

- Good morning Pam, any news for me? – Saludó a su secretaria-
- Good morning Mr. Simmons, still no messages, it’s early right?
- Yes, I came earlier to prepare myself for the meeting.
- Right, I´ll let you know as soon as they arrive.

Eran poco más de las 8:30 de la mañana del 11 de septiembre de 2001. Entró en su oficina, se sentó en su cómodo sillón de cuero y comenzó a revisar los papeles con información que le había preparado su secretaria el día anterior. Entonces, y sin motivo alguno, giró su cabeza para observar el paisaje que se extendía a través de la enorme ventana de vidrio. Y lo vió. El instante en que toda su vida pasó frente a sus ojos fue tan solo un suspiro: libros, más libros, medallas, exámenes, conferencias y reuniones de negocio. No pudo recordar en sus 24 años un simple momento con amigos, un partido de fútbol,  su primer beso o su primera vez, tal vez porque nunca existieron. “Estoy en la cima del mundo….”, fue su ultimo pensamiento

El vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra la torre norte del World Trade Center  a las 8:46 AM. Su nombre aparecería finalmente en el NY Times, en la página 3 de la sección sucesos, al margen derecho bajo un pequeñisimo título: “foreign victims of the terrorist attack”. Algo muy distinto a lo que su padre alguna vez había imaginado.

Mea culpa

8 08e Abril 08e 2008 - 5 Responses

En otros tiempos mas revolucionarios de mi personalidad quizás hubiera salido a despotricar e insultar a mi país, a sus dirigentes, a sus políticos, a los periodistas sensacionalistas, a los piqueteros, a los represores, a los curas, a las amas de casa, a los bomberos, a los perros chihuahuas y a las hormigas coloradas. Todos ellos hubieran sido motivo de mis insultos mas vulgares para poder descargar la ira que despierta un momento como el que hoy por hoy atraviesa mi querida Argentina
Los años, y tal vez las repetidas veces en que uno se golpea contra paredes infranqueables que no dan respuesta, han logrado hacerme recapacitar, pensar, masticar y amigarme con la idea de que hecharle la culpa a los demas no resuelve nada
Por eso hoy quiero desde este humilde espacio hacer un mea culpa y decir: señores, la culpa tambien la tengo yo. Si. La tengo porque yo también quiero que bajen el precio de la carne, la verdura, los alquileres, el cable, los servicios, las computadoras, la nafta, los peajes, los pasajes en avion, las sibaritas y las salchichas bienisimas. Claro, y tambien que me suban el sueldo. Pero justamente en este tragicomico listado que acabo de enumerar de cosas caras, se encuentra todo lo que a mí me concierne. Y creo no equivocarme cuando digo que esa es un poquito la actitud de todos hoy al querer hacer un cacerolazo cuando el que tocan es MI bolsillo. Si suben las retenciones al agro y yo no tengo campo…..y bue. Si implantan el corralito y yo no tenia ahorros en el sistema financiero….y bue. Si decretan la depreciación de mi moneda y yo no tengo bajo el colchon billetes verdes o de tamaños extravagantes….y bue.  Ahora, cuando el que toquen sea mi bolsillo, ahí si salgo a  hacer piquetes, quemar cubiertas, reventar cacerolas, prender pirotecnia pesada, cortar rutas e insultar por televisión abierta.
Creo desde este humilde lugar que deberiamos todos pensar en nuestros actos, dejar de lado un poquito nuestro egocentrismo y tratar de tirar todos para el mismo lado. Como me dijo alguna vez un profe  de la Fac. ‘En economia TODO se paga’, no puedo yo pretender que me suban el sueldo sin saber que van a subir los precios. Es una simple ecuación matematica. Para aquellos que no estan en la rama de los numeros: supongamos que Juan tiene una vaca. Un dia viendo que todos los vecinos le piden cada dia mas leche, y lejos el de poder abastecerlos a todos, decide que, en lugar de ahorrar para comprar otra vaca y poder vender mas leche, hará mejor negocio vendiendo la poca leche que tiene a un precio mas alto. Tiempo después el empleado de Juan que le ordeña la vaca le dice: patrón disculpe, pero Don Victor que hace manteca con la leche que Ud. Le vende tuvo que subir el precio porque claro, Ud. Le subio el precio de la leche. Y Don Jose, que fabrica quesos con la leche que Ud. Le vende, hizo lo propio con el queso fresco por la misma razon’. ‘Peor aun’ –dice el empleado- ‘Don Hugo el panadero dijo que como la cuesta mas caro comprar leche, tuvo que subir el kilo de pan para poder pagar el aumento, asi que como verá Ud. Don Juan, no me queda otra que pedirle que me aumente el sueldo porque yo ya no puedo comprar los viveres que necesito para vivir dignamente como hacia antes….’
Este ejemplo simple en extremo intenta explicar que la economia es un circulo, y que todos los que formamos parte de él, desde el productor, pasando por el distribuidor mayorista, el minorista, el transportista y el consumidor final tenemos que parar la pelota que hacemos girar nosotros mismos, dificultando cada dia mas el ya complicado ejercicio del dinero. Le digo a los productores BASTA de aumentos indiscriminados y sin otro fundamento que el del enriquecimiento a corto plazo sin inversiones. Le digo al gobierno BASTA de quere meter la mano en la lata de los que laburamos y los que producimos, para pagar una estructura innecesaria de acomodados favorecidos. Le digo a los sindicatos BASTA de querer lograr bajo presion, amenazas, fuerza bruta, piquetes y demas yerbas aumentos de sueldos irrisorios que las empresas no pueden pagar, con el objetivo de ‘defender’ el bolsillo de los compañeros trabajadores, cuando en realidad solo buscan abultar los bolsillos de las mas altas cabezas de estas organizaciones. Le digo a los empleados ñoquis BASTA de vivir de la teta del estado, de ganarse la vida a costa de los impuestos del resto. Le digo a los exigentes BASTA  de pretender ligar todo de arriba, de creer firmemente que el hecho de no tener lesotorga la posibilidad de ‘tomarlo’ o de ‘arrebatarlo’ o de ‘exigirlo’ por medios ilegales y muchas veces inhumanos, las cosas se ganan en la vida a fuerza de laburo y sudor
Y me digo a mi BASTA de pretender que todo se solucione como por arte de magia, de esperar que sea otro el haga las cosas, el que resuelva mis problemas, el que se encargue de mis preocupaciones.

Empecemos todos a pensar, a actuar racionalmente y no motivados por las emociones violentas, que nos llevan a cometer actos de los que después podemos arrepentirnos, de los que se proyectan imágenes al mundo de un pais que no funciona y de dejar a las proximas generaciones un caos irreversible.

Argentina es mi pais, y viera que lindo es mi pais, paisano, si usted lo viera como yo lo vi.

De juguetes baratos y demas yerbas

7 07e Enero 07e 2008 - 14 Responses

Cuando era chico me divertía principalmente con 3 cosas: la primera era el arbol del patio de casa, una especie de pino del que nunca supe la especie, valga la redundancia. Pero en definitiva era como un pino, alto unos 25 mts. y no se si no me quedo corto. Lo se porque de hecho cuando hace poco mis viejos lo sacaron (antes que éste sacara a la casa del terreno) el primer jardinero que hizo el intento se ve que lo midio a ojo, cobro el anticipo, empezo a laburar, se dio cuenta que se habia equivocado y sus ultimas palabras fueron “ya vuelvo, doña”. Los segundos aventureros que se dieron a la tarea ya eran un equipo bien equipado, y para cuando terminaron con la motosierra, el suelo del patio era un triste cementerio de ramas, troncos, nidos de paloma y otras menudencias similares. En ese árbol pasé incontables tardes con el gordo jugando a que era nuestro “lobo del aire” (que para aquellos de menos de 25 era una serie de televisión muy popular en que la estrella era un helicóptero de la gran siete). Recuerdo que habíamos puesto dos almohadones para simular los asientos, y cada una de las ramitas y ojitas eran botones, palancas, mandos, armas y etc, etc. La “cabina” quedaba como a unos 10 mts. del suelo, subiendo por unos intrincados “corredores” de ramas ásperas y peligrosas. Pero por alguna razón, mi vieja no tenía miedo de que me cayera y me quebrara en 17 partes distintas, se ve que antes se preocupaba menos y se disfrutaba más. La cuestión es que también teníamos dos armas de plástico, para cuando debíamos bajar del chopper a hacer “misiones de reconocimiento”, y por si se cruzaba algún “enemigo” con el que había que trabarse en combate. Con el gordo nos quedábamos hasta que se hacía de noche, momento en el que por falta de iluminación, fingíamos el final de la misión y como rudos soldados nos íbamos a tomar la leche chocolatada con alfajores tatín.

El segundo gran entretenimiento, se trataba de una gran ciudad que ocupaba todo el garage de casa, dibujada en el reverso de planos viejos que mi viejo ya no usaba. Mi hermano mayor, diseñador de autos a tiempo parcial, se habia dibujado unas cuantas manzanas en la que cada uno de los 3 hermanos teniamos una casa de las del cerro, ponéle, y con los autitos de plástico jugábamos a que íbamos y veníamos y hacíamos negocio, que por cierto el que siempre tenía plata era mi hermano del medio que resultó siendo contador, mirá vos. En ese entonces el tenía la concesionaria de autos y nos vendía los autos que nosotros veíamos en un juego de cartas de autos que teníamos, y nos cobraba caro el guacho, aparte de tener una clausula de cambio periódico por la que teníamos que cambiar sí o sí el auto por otro más caro. Para cuando nos cansábamos solo había que enrollar el plano-ciudad y listo. La vieja chocha porque era un entetenimiento seguro y sin suciedad, todo lo opuesto a lo que contaba sobre el árbol-lobo del aire.

Mi tercer gran entretenimiento fué mi bicicleta. Tuve 3. La primera, en la que aprendía a fuerza de golpes a andar era una común rodado 20, que me la trajo el niñito Dios (Sí, lease bien que dije niñito Dios, ni papá Noel ni Santa Clós, ni nada de esas campañas marketineras de gaseosas importadas) era azul brillante con detalles en blanco. Relucía que te dejaba ciego. Muchos años más tarde, por no decir hace poquísimo tiempo, ya grandote boludo me enteré que en realidad el niñito Dios andaba medio corto de guita, se ve que era Argentino en plena época de los inflacionarios años 80; y en vez de traerme una bici Okm se tomó la molestia de reciclar la vieja bicicleta de mi hermano (como cuidaba el medio ambiente la pucha!) y la cepilló, pintó, cambio cubiertas, manivelas, asiento, freno, etc, etc!! que capo! y me trajo una bici totalmente renovada que para mí fue el primer sinónimo de la palabra libertad. Para cuando terminé con esa bicicleta, unos cuantos años y miles de moretones más tarde, de azul brillante le quedaba el recuerdo nomás, el herrumbre se había apoderado ya del 98.2 % de la bici, había perdido los guardabarros, la gomas estaban mas lisas que la cabeza de Ronnie Arias, los ojos de gato ya no estaban, y los frenos había dejado su lugar al clásico sistema de zapatilla-horquilla, que me costó tantas zuelas como sopapos. Ya mi segunda bici fue otra cosa: también heredada pero en “blanco”, ya estaba grandecito para creer en el niñito Dios reciclador. Era una de esas bicis que parecían una moto, con tanque de nafta de plástico, amortiguadores delanteros y traseros, asiento bananero y freno contra-pedal. Esta bici-moto pesaba como una moto y andaba como una bici. Se podía bajar del cordón sin problemas gracias a la suspensión y para agarrar velocidad te hacía falta los cuadriceps de Roberto Carlos. Una vuelta nos subimos 6 amigos y empezamos a dar vueltas, esto es tan cierto que le pueden preguntar a cualquier perro del barrio. Lo mejor de esta bici era saltar los montículos de tierra que hubo en mi barrio durante mucho tiempo mientras se contruyeron las cloacas. Y lo más gracioso le pasó una vez a mi hermano que haciendo gala de buen conductor se lanzó a toda carrera a saltar la zanja de la cloaca y cuando la rueda delantera se despego del suelo, la suspensión se desprendió de la horquilla y allá fue con rueda y todo, para la sorpresa de mi hermano que terminó clavándose de guampa en la lomada de tierra, y frenando al fondo de la zanja tapado en tierra y la bici encima de la espalda. Y para rematar se tuvo que bancar el zamarreo de mi vieja que lejos de preocuparse por su salud, lo trajo a los gritos de la oreja por haberse ensuciado un buzo blanco recién lavado!

Así fue como tanto solo, con mis hermanos o con mi mejor amigo, pasé todas las tardes de mi niñez con algo para hacer, sin hacerle gastar mucho a mis viejos, pero con tantos pero tantos recuerdos que no alcanza este blog para contar.

El encargo

28 28e Noviembre 28e 2007 - 4 Responses

El Centro Comercial había quedado en penumbra. Horas más tarde los noticieros locales anunciarían el raro incidente devenido en catástrofe. Para cuando las luces de emergencia se encendieron, el charco de sangre había comenzado a mojar el calzado de quienes estuvieran alrededor de él. Esas personas de inmaculados trajes negros y lentes al tono, cuya tarea principal habría sido impedir que aquello sucediera. Ni siquiera se había escuchado el desplomarse del cuerpo.            

Jamás hubiera sido posible en el imaginario público, que tal situación hubiera de acontecer en una localidad apenas convertida en ciudad un par de décadas atrás. El auge del turismo la había hecho crecer de manera impensada, y los edificios de gran altura habían surcado el panorama en el transcurso de pocos años. Nadie hubiera pensado que esa antes pequeña ciudad,   iba ser el centro de atención de países enteros. Lo que se genero después de aquello, fue solo una seguidilla de comentarios y suposiciones, que intentaran determinar como había sucedido y cual había sido el comienzo de tal atrocidad. Ni siquiera habría de quedar en claro la razón exacta por la que él se encontrara en ese lugar a esa hora. Lo que si fue cierto fue la ambigüedad de reacciones. Muchas personas, quizás demasiadas, se habían alegrado cuando la noticia salio al aire en todos los rincones del mundo. Aquellos que le lloraban no alcanzaban a comprender esta sensación de algarabía. Algunos quizás no le dieron relevancia. Las culpas y los informes oficiales apuntaron en demasiadas direcciones. El culpable jamás seria encontrado. En realidad, solo habría un acusado para calmar la ira y el deseo de venganza de las masas. Al igual que siempre.

Luego se hablaría de que la sensación publica general era que ese momento llegaría tarde o temprano. Que había razones de sobra para que hubiera muchos grupos radicales que se adjudicaran la autoría del hecho. Por cada rincón se mencionaba que era solo una cuestión de tiempo, y de que alguien tuviera el coraje suficiente para enfrentar las consecuencias. Algunos pensaban que esto significaría el libre albedrío, al fin, de todas las naciones. Otros solo lo verían como el principio del libertinaje que acabaría por denigrar la tan ansiada democracia mundial. Ya no seria el “sistema perfecto” de gobierno. Lo realmente importante fue que el acontecimiento, un aparente desperfecto eléctrico menor, cambiaria el futuro del planeta. Una noticia que solo hubiera trascendido en un par de líneas del periódico local, habría de cruzar fronteras y ocupar suplementos completos. Tan solo una persona, o tal vez el destino de dos, el ejecutor y su victima. Dos personas disímiles hasta en el más mínimo detalle. Un don nadie y el dueño del mundo.

El presidente había muerto. Era el comienzo del fin para el imperio.

Como te lo digo

29 29e Octubre 29e 2007 - 7 Responses

- Me fijé en los turnos de la semana que viene y no está mi nombre - Me dice Karina.

Un escalofrío me corre por la espalda, llegó el momento que no estaba esperando. Pero es viernes, y las malas noticias se dan los viernes.

- Vení conmigo que necesito hablar con vos - le digo.

Karina me sigue hasta la salita contigua a la oficina, callada, aunque me parece sentir su respiración en la nuca. Abro la puerta y entro primero, estoy juntando coraje para decírselo.

- Pasá y tomá asiento. Bueno Karina, creéme que no es la parte que más me gusta de mi trabajo pero es mi obligación informarte….

- Qué? no trabajo más…? - me interrumpe. Su voz a esta altura ya se quebró y sus ojos empezaron a humedecerse como cuando escuchamos el himno en un mundial de fútbol, sólo que para mal.

- Sí - le digo - Me dijeron que lamentablemente no pudiste intregrarte del todo a la forma de trabajo de la empresa, no tuviste muy buen trato para con tus compañeros y bueno, no te ajustaste del todo al perfil que necesitamos…. - ensayo estas palabras como si las hubiera dicho toda la vida, aunque en rigor de verdad, me toca hacerlo por primera vez.

- Pero si yo siempre hice lo que me dijeron, incluso cuando no supe algo pregunté y….. - intenta demostrarme lo equivocado que estoy, aun cuando sabe que soy solo el mensajero de la terrible noticia.

- Sí - le digo - sinceramente no sé que puedo decirte, solo lo que me comentó tu supervisor, que hacías las cosas en un modo distinto, propio y no como se te enseñó. - Cuido mis palabras, mido la forma de decirle lo que me veo obligado intentanto por todos los medios no herir sus ya congestionados sentimientos.

- Y ahorá que hago? - balbucea - Yo no puedo estar sin trabajar…. - En este punto la humedad de sus ojos se transformaron ya en gotas cristalinas que descienden por sus mejillas lentamente. La puta que difícil es mirar a los ojos a una persona que llora.

- No, Karina, quedate tranquila. Lo que hacemos en estos casos es avisarle a la gente de la consultora que haga lo posible por rehubicarte en otra empresa. Les decimos que simplemente no te adaptaste a nuestra  (enfatizo esta palabra) forma de trabajo. Pero no les damos malas referencias ni mucho menos. Ellos seguro te consiguen otro trabajo, siempre lo hacen. - Intento sonar lo más confiable posible, lo que le digo es verdad pero lógicamente ella no me escucha, por su cabeza solo resuena el eco de las palabras “no trabajo más…”

Me mira impotente, como pidiendo explicación, sin entender del todo.

- Seguro que algo sale - repito - sólo te puedo dar como consejo que siempre seas proactiva, preguntes si estás haciendo bien las cosas, qué podes mejorar, como podes ayudar….

- Gracias - me dice, pero se que no lo siente.

A veces, mi trabajo es una mierda

Quiero

29 29e Octubre 29e 2007 - 12 Responses

Seré solo yo? no lo sé a ciencia cierta. Pero estas son algunas de las cosas que deseo que alguna vez sucedan:

  • Ir por el carril en que no haya embotellamiento
  • Una hamburguesa como la que aparece en la foto de promocion
  • Ganar un sorteo de ALGO (hasta de una revista vieja, lo que sea!)
  • Votar al candidato que SI salga electo
  • Agarrar al mosquito que me zumba el oído en el preciso instante que estoy por quedarme dormido
  • Que el auto falle en el mecanico igual que me falla a mi el resto del tiempo
  • Que las semillas del pururú no se me incrusten entre los dientes
  • Que la garrafa del gas no se acabe cuando me estoy duchando
  • Que el amigo del amigo del amigo de mi amigo de tu amigo del amigo en verdad exista
  • Que en la entrada de un boliche me digan “Que haces! pasá por aca….!”
  • Que el coyote agarre al correcaminos y lo cocine en la parrilla a fuego lento
  • Que el lunes haya amenaza de bomba en la empresa
  • Que el diario no me manche los dedos
  • Que el cajero automatico me entregue más dinero por error
  • Que la ropa que me queda justa no se encoja, y la que me quede grande no se estire
  • Que cuando esté apurado no pise un charco, o un sorete de perro, o me cruce con un conocido muy pesado, o con tres señoras que ocupan toda la vereda y caminan arrastrando los pies
  • Que el tachero no me hable
  • Que no llueva el dia inmediato posterior a que lave el auto
  • Que la maquina de gaseosas largue la que elegi
  • Que la moneda que se me cayo no se mande por la rejilla del resumidero
  • Encontrar al primer intento una direccion
  • Que el dedo chiquito del pie no se engache en todas las patas de las sillas y afines
  • Que la abrochadora no se quede sin ganchos cuando estoy por poner el ultimo
  • Que Word haga lo que le estoy diciendo
  • Que no se corte la luz un nanosegundo antes de oprimir “guardar”
  • Acordarme del alt + indicado para cada tecla que el teclado no tiene.
  • Que la paloma cague unos centimetros más a la izquierda de mi auto
  • Que el jabon en polvo saque la mancha de aceite
  • Que las cucarachas no se coman el veneno como postre de frutillas y sobrevivan
  • Que la cucharita caiga con la curva para abajo cuando el agua del pico cae hirviendo
  • Que el ultimo tornillo afloje, luego de sacar los otros 32
  • Que cuando pase por caja salga mas barato de lo que decia en el exhibidor

Seguramente habra una segunda parte de este post.

  • Que las segundas partes sean mejores que las primeras

Sugerencias bienvenidas.

Carta desde el menos acá

9 09e Septiembre 09e 2007 - 14 Responses

Ayer visité a tu esposa. Creeme que te extraña. Por quichinienta vez me contó la historia de como se conocieron. De aquella vez que en morteros hubo un baile, que ella había ido con sus amigas y sus respectivas madres, como se estilaba en la epoca. Se ve que en 1942 no existía la confianza para con las hijas, o tal vez simplemente estaba mal visto, no sé. Me contó paradojicamente que ahora es mejor, que la libertad es buena, mirá vos, la Olga hablando de libertad de la mujer en pleno siglo 21.

Me contó que un un rubio de ojos celestes “muy buen mozo” se le acercó y muy educadamente le pidió que le concediera esa pieza (de baile, supuse), ante la crítica mirada de la nona. Me contó que eras un joven muy amable, atento, correcto y educado. Me contó que vos sabías muy bien quien era ella, porque pasaba todos los días por el frente de la fabrica donde dejaste gran parte de tu juventud. Me contó que días más tarde vos comentarías que ella te gustaba pero que tenía “pretendiente”, y claro, esas cosas antes no se hacían, patearle el asado a alguien no era de caballero.

Ella tenía apenas 17 años, pero como los de antes, al igual que sucede con el dinero cuando hay inflación, no es lo mismo los 17 de1942 que los 17 del siglo 21. Me contó que finalmente hubo otro baile en el que nuevamente te animaste a pedirle que bailara con vos. Me contó que con el paso de los días comenzaste finalmente a visitarla, que llegaste a “las casas”. Que don Boggio te había conocido y le había dado el consentimiento a la Olga para que te siguiera viendo. Que apenas un par de años despues estaría casada con vos y embarazada del Luis. Que a pesar de tener solo 19 años (de los de antes) era madre porque vos “ya estabas establecido”, lo que significaba que a tus 31 años estabas en edad de ser papá.

Y que 37 años más tarde nacería yo.

Aun recuerdo, Juan, como habías fabricado un asientito de madera que se colocaba en el caño del medio de tu bicicleta verde, con la que nos llevabas a pasear a mí y a mis hermanos. Recuerdo tu R12 naranja inmaculado, que habías recibido como obsequio de la fabrica cuando te jubilaste por todo el esfuerzo a través de los años (un auto! como cambiaron las cosas..). Aun recuerdo que de pequeño soñaba con manejar ese R12 que por capricho del destino nunca iba a poder. Aun recuerdo como me arreglabas mis juguetes en tu pequeño taller de la piecita del fondo, en donde tus incansables manos de laburante se daban maña para que mis lágrimas derramadas por un juguete roto, se transformaran en sonrisa interminables cuando volvía a funcionar. Aun recuerdo como me enseñaste a usar el taladro manual, a pura manijita!, y el sacabocado para hacer agujeros en el cuero, y el serrucho, el martillo, la lijadora y otras tantas cosas que aun hoy tenemos guardadas por ahí. Aun recuerdo cuando con tus habilidosas manos decoraste con una “chimenea de piedra” el calefactor de casa, porque los albañiles habían destrozado la pared sin reparo.

Te fuiste demasiado pronto Juan, no tuve la oportunidad de estar con vos cuando tuve mi primera novia, ni cuando aprendí a manejar el 505 a escondidas del viejo, ni cuando terminé el secundario, ni cuando me recibí de la facu. Espero que me hayas visto crecer y que estés orgulloso de mí, porque cuido mis autos como vos me enseñaste, trantando de que brillen tanto como tu r12 naranja (como hacías?). Espero que veas que crecí siendo un buen tipo, que tuve equivocaciones, pero que siempre intenté no defraudar a nadie. Espero que veas que soy feliz, y que voy a tratar de serlo siempre por el tiempo que tenga vida. Espero que sepas que fuiste un ejemplo, y que todos tenemos un poquito de vos adentro.

La Olga te extraña Juan, pero ella está bien, va a estar con nosotros un tiempo más sabés?, porque todavía tiene mil historias más para contarnos, y aunque ya las hayamos escuchado mil veces, ella solo se está asegurando que sepamos quien fuiste, que aunque estés en el más allá, para nosotros desde el menos acá siempre serás inolvidable. 

La cultura a $13 el kilo

8 08e Septiembre 08e 2007 - 7 Responses

Ayer invertí mi feriado del día del metalúrgico (si bien yo tengo de metalúrgico lo que los políticos de honestos) en un curso sobre legislación laboral, no muy provechoso por cierto. Cuando al mediodía hicimos el corte para el almuerzo, y como no tenía tiempo para volver a comer a casa, me fuí a colesterolizarme al patio olmos. Después de volver caminando a paso lento por la peatonal y doblar en 27 de abril, mientras disfrutaba de un mediodía primaveral, se me ocurrió aprovechar unos minutos extras en pasear por la feria del libro. Y notese bien que dije pasear y no comprar, porque al igual que me pasa cuando voy a un videoclub, me quiero llevar todo.

Un stand, y a disfrutar del desenmascaramiento de nuestros “heroes” junto a los “Mitos de la historia Argentina”, vol. 2 y 3 de Felipe Pigna,. y porque no el vol.1 tambien, que pese a que ya lo leí, no lo tengo porque me lo prestaron. Dos pasos más allá, me pasó igual con el informe de la CONADEP “Nunca Más”, otro que pese a haberlo leído no me molestaría tenerlo entre las filas. Y es que pese a no haber ni siquiera nacido en esa época, esa Argentina de barbaridades sólo se la recuerda con algunas señoras mayores de pañuelo blanco en la cabeza,  gracias a las famosas leyes de “obediencia debida y punto final” de nuestro tristemente célebre ex-presidente turco.

Pero me estoy desviando del tema. Un par de pasos más y me econtré con el vol.2 de los cuentos completos de Isaac Asimov, un futurista de la ostia, cuyo vol.1 me estalló la cabeza en su momento. También ví como algunos gurús del dinero siguen robando a la gente con cosas tales como “Quien se ha llevado mi queso”, “Hagase rico en una semana”, “Aprenda a invertir su dinero y ser millonario” y etc, etc, libros que para mi gusto en realidad deberían llamarse “Aprenda como yo hago mucho dinero gracias a que usted cree que comprando mi libro va a hacerse millonario”. Uno de estos ejemplares que aun no leí es el “Padre rico, padre pobre” en el que según me contaron, están plasmadas todas aquellas cosas que no te enseñan en el colegio acerca del dinero.

Conclusión: no me traje ninguno porque no pude decidirme, una vez más, cual de todos ellos merecía ser leído en primer lugar. Pero mientras seguía divagando sobre si aventurarme en mundos de fantasía, leer sobre nuestra historia o aprender a hacerme rico, escuché el siguiente diálogo:

- ……tipos están locos, despues quieren que la gente se interese por los libros, como va a costar $39 un libro que podés ver la película en el cine por $10?? y tiene efectos especiales y un montón de cosas que un libro no te dá.

- Si, y además después dicen que la carne está cara, pero mirá vos si me voy a comprar uno del Paulo Cohelo ése, si con eso me compro un kilo de vacío a $13…

Quiero aclarar que ambas personas no parecía precisamente muertas de hambre, en cuyo caso entendería el diaólgo porque lo primero es tener la panza llena, eso no lo discuto.

Lo que me sorprendió fueron las comparaciones, el hecho de pensar que un libro a 40 mangos está caro, que es aburrido porque no podés “ver” las superexplosiones hollywoodenses, o porque  preferís comerte un asado con tus amigos a cultivar un poco el espíritu.

Yo particularmente amo la lectura, me parece que es un mundo en el que te sumerjes y empezás a usar tu imaginacion a medida que el autor te lo propone, haciéndote pensar, razonar, imaginar, emocionar, reír (porque no, llorar) y toda otra serie de sensaciones que si bien podés encontrarlas en otro lugar, nunca serán como tu propia mente puede imaginarla. Porque una película la vemos todos igual, pero un libro queda a la propia interpretación de cada uno, y te da infinitos mundo y posibilidades.

El habito de la lectura tenés que mamarlo de pendejo, no sirve que te lo impongan en la escuela secundaria, con el quijote o el martín fierro, o te gusta o no, así de simple. Pero para aquellos que lo disfrutamos, nunca nos va a parecer caro un libro, porque la cultura no se compra por kilo.